Miércoles, 18 de febrero de 2009

Hugo Díaz

Hace unos días, en el artículo: “La disciplina en el aula”, se veía la necesidad e importancia de la disciplina y las Normas de Convivencia que la facilite. Asimismo, la imposibilidad de que los alumnos puedan obtener resultados satisfactorios si ellas no existen o son débiles.

 
También se insistía en que lo deseable es la autodisciplina. Pero, lamentablemente, con frecuencia ella no funciona, por lo que se está acudiendo a la elaboración de Normas de Convivencia conversadas con los estudiantes, a fin de obtener la deseada disciplina.
 
Por otra parte, se manifestó que estas Normas de Convivencia como camino excelente para obtener la disciplina indispensable para logros de aprendizaje, debía comprender: “un grupo de sanciones muy equilibradas y aceptadas en consenso por los estudiantes”. Este artículo quiere desarrollar brevemente este tema de las sanciones dentro de las Normas de Convivencia. Tanto la disciplina como las sanciones tienen cuestionadores como defensores.
 
¿SE PUEDEN JUSTIFICAR LAS SANCIONES?
 
En el mundo de los mayores no queda duda sobre su necesidad. Si algo no debes hacer porque perjudica a personas, sociedad, ambiente, etc., y lo haces, la ley te sanciona incluso hasta con la privación de la libertad o la propia vida. Tan importante es esto, que los países y naciones tienen tribunales específicos para hacerlo. Es que las personas, las asociaciones, y otros, tienen  derechos que no podemos conculcar. La sociedad sería un caos sus miembros son agraviados y no hay forma de castigar a quienes lo hacen.
 
En los alumnos.
Pero en el mundo de los estudiantes menores de edad suelen primar otros criterios. Si bien es cierto que la generalidad de los reglamentos internos de las instituciones educativas comprende hasta una capítulo referente a la disciplina y las sanciones, a niveles de reflexión de ciertos pedagogos y psicólogos, o en planteamientos ministeriales generales, amén de libros y revistas, sancionar o castigar parece un falta mayor que la misma falta que comete el estudiante al que se quiere castigar.
 
Se argumenta, entre otros: que siendo el alumno menor de edad, su responsabilidad en las faltas es muy reducida; que su razonamiento no le permite captar las consecuencias de sus acciones; que su voluntad es muy débil; que por su edad y psicología, los compañeros influyen en él mucho más de lo normal. También se dice que una sanción o castigo puede golpearlo psicológicamente de manera significativa. En fin, que su autoestima puede ser fuertemente castigada; y otros.
 
Las sanciones
En cambio, otros piensan que la sanción y el castigo son necesarios; que los hombres, más aún los niños y jóvenes, son débiles, inconstantes y a veces hasta mal intencionados y que deben ser castigados para que no repitan acciones negativas que dañan a la sociedad y a las personas; que, aunque hoy nos parezca raro: “la letra con sangre entra”; que la sociedad sanciona y que niños y jóvenes deben ver ello como normal cuando alguien sobrepasa las normas establecidas. En fin, que el alumno debe experimentar en carne propia cuando no cumple en el aula o colegio las normas de convivencia y que deberá aceptar las correspondientes sanciones.
 
Es muy posible que estas distintas posiciones, aunque aparentemente muy contradictorias, tengan elementos válidos y, en diversos casos, hasta sean complementarias, aunque en general los educadores que viven en las aulas (no los de escritorio) piensan que las sanciones, sin abusar de ellas, tienen también sentido educativo y, medidamente, son necesarias.
 
TOMANDO DECISIONES CON EL ESTUDIANTE
 
Es muy importante que el alumno transgresor reconozca su falta y acepte la sanción que se le impone. Incluso sería ideal que él mismo participe en la decisión de su castigo. Al respecto, no hay que temer una benignidad en las sanciones; los alumnos suelen ser más duros en los castigos que el mismo docente. Éste podrá más bien atemperar el castigo y tendrá así un motivo de acercamiento al transgresor. Por regla general es conveniente que las sanciones sean prontas y no muy duras y que sean cortas en el tiempo; pero que se cumplan.
 
Para que exista sanción los hechos que se consideren faltas deben ser claramente conocidas por los estudiantes. Además, salvo casos excepcionales, la sanción debiera darse en general cuando hay reincidencia. Es más, una reincidencia que precedida de un diálogo tras la primera falla.
 
Preguntas para el diálogo.
Se observa por tanto, como muy importante, el diálogo previo a una sanción. Como no sabemos con frecuencia ni detalles, ni responsabilidad y profundidad de la falta, un diálogo sereno con el supuesto transgresor se hace indispensable. Lo mejor suele ser plantearlo en base a preguntas que hagan ver que no se le echa la culpa de nada, sino que se quiere averiguar si es responsable y en qué medida.
 
Así, se le puede preguntar: ¿qué pasó?; ¿en qué crees que ha fallado tu compañero o tu profesor? (si es el caso); ¿qué debieras haber hecho tú?; ¿crees que pudiste hacer mejor las cosas?; ¿en qué crees fallaste? Finalmente: ¿crees que mereces un castigo?; ¿cuál te parece un castigo apropiado?
 
LAS SANCIONES DRÁSTICAS.
 
Lo escrito hasta aquí está referido a las faltas y sanciones a los aspectos comunes del diario transcurrir del aula. Pero existen a veces problemas más serios que merecen una reflexión diferente: las faltas graves, las cuales suelen devenir en sanciones más radicales. En esta línea, en décadas pasadas no eran infrecuentes las sanciones drásticas: castigo físico a los alumnos; suspensión por algunos días; separación definitiva de la institución educativa. También una más disimulada, pero no menos dolorosa y traumante: la agresión verbal.
 
Aspectos aparentemente superados.
Dos aspectos de tipo drástico parecen haberse zanjado definitivamente, al menos en teoría, aunque no falten docentes que los sigan practicando, es el maltrato psicológico y el físico.
 
En efecto, La constitución Política del Estado en su artículo 15 dice, con meridiana claridad: “…El educando tiene derecho a una formación que respete su identidad, así como el buen trato psicológico y físico”. Y en efecto, estos maltratos están en franco retroceso. La literatura pedagógica y psicológica es absolutamente clara al cuestionarlos y condenarlos.
 
Suspensiones y separación del Plantel.
Distinto es el caso de las suspensiones de clase por algunos días y de lo que se denomina frecuentemente “suspensión definitiva”, sobre los cuales la normatividad contraria a ellas es más discreta.
 
En ambos casos, se recomienda evitarlas, aunque no falta quienes quisieran normas que las eliminaran. Pero también hay quienes sostienen, sobre todo docentes que actúan en las aulas y no en los escritorios, que en casos especiales hay que aplicarlas por la misma salud de los infractores, así como por los derechos que tienen los compañeros a un aprendizajes libre de impedimentos.
 
¿Qué pasa si….?
¿Qué pasa si un estudiante: agrede física o verbalmente a su profesor o profesora?; o si los amenaza si no lo aprueban; o si agrede con frecuencia a los compañeros pese a reiterados avisos; ¿o si molesta e interrumpe adrede en clase y con continuidad? O falta con frecuencia sin justificación, llega cuando quiere y no cumple sus deberes. ¿Y si de esto se ha hablado seriamente con él y sus padres y no ha surtido efecto?
 
¿Será esta situación conveniente para el ambiente educativo del aula? El no tomar decisiones serias y drásticas ¿no puede traer como consecuencia devenir en rebeldía y desorden mayúsculo en el aula por imitación y pérdida de control?
 
Cuando las cosas llegan a extremos inaceptables, ¿no será mejor que profesores e institución educativa se pongan firmes, conversen con los padres y enfrenten el problema, con respeto y amabilidad, pero también con firmeza por el bien educativo de los compañeros y el respeto a los profesores?.
 
Si al alumno nunca se le colocan límites se le puede estar haciendo un grave daño, ya que pensará que su voluntad es el único límite de sus acciones. Así no aprenderá a vivir en sociedad.
 
Aparte de lo anterior, cuando el castigo, por doloroso que sea es razonable y ha sido bien conversado, normalmente es beneficioso no solamente para los compañeros y la institución, sino sobre todo para quien debe corregirse.
 
Ciertamente suspensiones y retiros son situaciones extremas a las que hay que evitar llegar por la salud educativa del transgresor, pero en casos son lamentablemente la única solución.
 
ASUNTOS PRÁCTICOS EN RELACIÓN A TODO TIPO DE CASTIGOS.
 
Aparte de aspectos que tienen relación con lo ya expresado a través de todo el artículo, es conveniente puntualizar lo siguiente:
·         El castigo debe ser proporcional a la falta, a la responsabilidad y a las consecuencias de la misma.
·         Debe estar tipificado, aunque sea de manera global, en el Reglamento Interno.
·         La sanción debe ser decidida luego de un buen diálogo realizado con mucha serenidad y ser preferentemente tomada en un día diferente al de la falta.
·         Hay que tener muy en cuenta los factores que disminuyen la responsabilidad.
·         Si se trata de una primera falta importante, buscar de dar una nueva oportunidad incluso evitando una sanción.
·         La forma de dar el castigo es clave para que su recepción no deje resentimientos y sirva para la corrección definitiva
·         El estudiante debiera percibir que el docente realmente siente el tener que imponerle una sanción.
·         Habrá que ser más exigente y severo con faltas que tienen que ver con agresiones de cualquier tipo que perjudiquen seriamente a los compañeros.
·         La conversación con la familia, ante un comportamiento frecuentemente negativo, es fundamental

Tags: educación, docente moderno, maestro moderno, actualidad

Publicado por juang9106 @ 15:01  | PUBLICACIONES
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