Lunes, 02 de marzo de 2009

LA FORMULACION DE PROYECTOS PRODUCTIVOS 

1. El desarrollo local 

 

El desarrollo local es la organización de una comunidad en torno a un plan de desarrollo territorial dentro de una perspectiva de construcción social.

 

Desde el desarrollo local se trata de resolver problemas relacionados con la calidad de vida de la población, reforzando sus potencialidades, estimulando sus cualidades y capacidades.


Para ello, se requiere del rol activo que asuman los actores que
realicen esta labor. De este modo, la estrategia es atender,
apoyar, estimular el desarrollo de estos actores.


S
on los miembros de la comunidad quienes mejor conocen su historia y pueden identificar claramente los recursos humanos y físicos con los que se cuenta en el ámbito local. Por este motivo, la participación de la población local en el diagnóstico de su realidad y en las decisiones, es fundamental para la elaboración de un plan de desarrollo integral y sustentable que impulse el crecimiento económico y mejore la calidad de vida de los ciudadanos de esa localidad. En la perspectiva del desarrollo local, la comunidad se vuelve protagonista de su presente y su futuro.

 

El desarrollo exitoso de diversos emprendimientos no depende exclusivamente de las capacidades vinculadas a las personas sino también de un tejido de relaciones existentes entre empresarios, organismos del estado, organizaciones sociales de diversa índole, que van conformando verdaderas redes locales asociativas.

 

El desarrollo de estas redes locales asociativas es vital para la generación y fortalecimiento de emprendimientos productivos. Las mismas, ayudan a reproducir la vocación y el espíritu emprendedor y productivo de la comunidad favoreciendo la mejora en la calidad de vida de la población local.

 

Las redes locales asociativas, permiten complementar los recursos materiales (técnicos y económicos) y de información (estratégicos) contribuyendo a generar ventajas competitivas que son alcanzables por los emprendedores a nivel individual, constituyendo la plataforma para el logro de la eficiencia colectiva.

 

Estos intercambios entre distintos tipos de actores locales favorecen los procesos de aprendizaje basados en la experiencia y permiten establecer mecanismos más permanentes de difusión del conocimiento.

 

2. De la idea al emprendimiento productivo:

 

Cuando nos referimos a alguien que ha alcanzado el éxito en un emprendimiento, muchas veces decimos “qué suerte que tuvo”  o “a mí nunca se me hubiera ocurrido una idea semejante”, sin embargo, las ideas brillantes, en general, no están ligadas a la buena suerte sino que requieren de un proceso de búsqueda y análisis.

 

Los proyectos se inician a partir de una idea, ésta es la generadora de la acción, la disparadora del proceso de formulación de un proyecto, cuyo objetivo es tratar de determinar la viabilidad de la aplicación de esa idea.

 

Muchas veces “generar” una idea puede entusiasmarnos y llevarnos a realizar un análisis cargado de optimismo, donde minimicemos todos aquellos factores que podrían incidir negativamente. Esta visión puede que desemboque en el fracaso del emprendimiento, ya que no habremos considerado elementos importantes que probablemente nos conduzcan a cometer errores muy graves y a omitir acciones imprescindibles para alcanzar el éxito buscado.  Evidentemente este no es el camino.

 

También puede ocurrir que frente a una idea, que podría ser buena, veamos sólo los problemas y los riesgos con que deberemos enfrentarnos, y entonces guardemos nuestra idea en el cajón del olvido. Este camino tampoco nos llevará a ninguna parte.

 

Está claro que ambos extremos son desacertados. ¿Entonces cómo deberíamos actuar? Lo conveniente es comenzar reconociendo qué es lo que pretendemos a partir de nuestra idea. Trataremos entonces de construir un proceso que nos permita analizar nuestra idea con cierta coherencia y transformarla en un emprendimiento que conlleve la menor cantidad de riesgos de fracaso posible. Siempre tendremos un margen de probabilidades de no alcanzar el éxito esperado, pero ese éxito estará más cerca cuanto menor sea el porcentaje de desaciertos y errores que podamos cometer y mayor sea el conocimiento que tengamos de nuestra actividad. 

 

Todo emprendimiento surge en torno a una idea, con una visión más o menos difusa, que aparece como consecuencia de la identificación de una oportunidad de negocio o de un “nicho de mercado”.

 

A partir de una idea se deben transitar dos caminos. Por un lado, debemos trabajar en el desarrollo del proyecto, establecer claramente cuáles son los objetivos, y cómo vamos a lograrlos. Por otro lado, tenemos que definir quién o quiénes van a llevar a cabo el emprendimiento.

 

Cuando quienes van a llevar a cabo el emprendimiento son dos o más personas, estaremos hablando de una sociedad o grupo. Entonces, se debe realizar un exhaustivo análisis sobre las distintas formas asociativas, a  fines de conocer con detalle las características de cada una, para poder optar luego por la que más se adecue a nuestros propósitos.

 

Es normal que al enfrentarnos al desafío de iniciar un emprendimiento nos asalten dudas y vacilaciones, que nos hagamos preguntas y que por sobre todo nos preguntemos:

 

¿Puedo yo ser un emprendedor?

 

Este es un factor determinante en el éxito de cualquier emprendimiento. En esto influirá la autoestima, es decir, la confianza en sí mismo para enfrentar el lógico temor ante lo desconocido.

 

Si bien este factor se relaciona con una cuestión personal, existen algunos conceptos que pueden ayudarnos a autoevaluar nuestras capacidades y tomar así la decisión adecuada.

 

Algunas de estas características emprendedoras son: tener capacidad para fijar objetivos que sean alcanzables, mucha perseverancia, confianza en sí mismo, un profundo conocimiento del negocio que se va a iniciar, capacidad para enfrentarse a los obstáculos y problemas que se presenten y resolverlos, tolerancia ante la incertidumbre, no dejarse abrumar cuando el camino no es claro, tener capacidad para planificar las actividades, tomar decisiones, saber escuchar, tener predisposición para trabajar en equipo, integrarse con los demás miembros del emprendimiento y asociarse a otros emprendedores para vencer obstáculos y alcanzar la competitividad, ya que muchas veces solos no podremos.

 

En muchas personas estas características surgen con mayor facilidad que en otras, sin embargo todos debemos trabajar sobre cada una de ellas capacitándonos y ejercitándolas diariamente. No importa que cometamos errores, de ellos también aprenderemos, lo importante es vencer la inmovilidad que muchas veces no permite que estas características se manifiesten.

 

3. Transformar la idea en un proyecto. Las etapas para la formulación de un proyecto:

 

¿Qué es un proyecto?

 

La palabra proyecto se utiliza para manifestar el propósito de hacer algo. La definición técnica es:

 

“Proyecto es una ordenación de actividades y recursos que se realizan con el fin de producir algo, ya sea bienes o servicios, capaces de satisfacer necesidades o resolver problemas”.

 

Es decir, un proyecto es un conjunto ordenado de recursos y acciones para obtener un propósito definido. Este propósito se alcanzará en un tiempo y bajo un costo determinado.

 

Cuando hablamos de recursos nos referimos al trabajo de las personas, los equipos, las obras, los materiales y a aquellos recursos provistos por la naturaleza, como el clima, los suelos, los bosques o los animales.

 

Las acciones se refieren a las actividades que hay que efectuar desde la situación actual para alcanzar los fines o metas previstas.

 

Todo proyecto debe tener un plazo de ejecución, tiene un propósito que debe lograrse en un plazo determinado.

 

 

Organizando nuestras ideas

 

Al dar los primeros pasos en la formulación de un proyecto, es bueno hacerse una serie de preguntas que al responderlas nos ayudarán a armar el “esqueleto” del proyecto y a ordenar nuestra actividad futura.

 

 

 

1. QUÉ

se quiere modificar

Diagnóstico

2. POR QUÉ

se quiere hacer

Fundamentación

3. PARA QUÉ

se quiere hacer

Objetivos

4. CUÁNTO

se quiere hacer

Metas

5. CÓMO

se va a hacer

Descripción del proyecto

6. CUÁNDO

se va a hacer

Cronograma de actividades

7. QUIÉNES

lo van a hacer

Beneficiarios

8. DÓNDE

se quiere hacer

Localización física del proyecto

9. CON QUÉ

se va a hacer

Presupuesto

10. PARA QUIÉN

se va a hacer

Mercado

 

 

Frente a cualquier actividad que tengamos que realizar, las respuestas a estas cuestiones, proporcionan las condiciones mínimas para definir antes de realizarlas, una serie de decisiones que permitan introducir organización, racionalidad, compatibilidad y coherencia a la acción.

 

El área de la actividad a la que estamos ingresando –la actividad económica o productiva- requiere organizar recursos, como el dinero, que son escasos. Esto nos obliga a organizar bien su uso para no perderlo, a usarlo bien para lograr nuestro propósito. Para eso tenemos que tener un plan.

 

Un plan es un documento preparado que esboza la naturaleza del emprendimiento, los objetivos del/los emprendedores/es y las acciones que se requieren para alcanzar dichos objetivos. Un plan es análogo a un mapa de rutas, debe ser capaz de guiar al emprendedor a través de un laberinto de decisiones de negocios y alternativas que evitarán rutas equivocadas y callejones sin salida.

 

Esto requiere que la persona que lo esté haciendo piense detenidamente acerca del negocio, se prepare explícitamente y se enfrente a asuntos críticos que pudieran, de otra manera, ser propuestos o ignorados.

 

También ayudará al/los emprendedor/es a comunicarse con otros expresando claramente la visión del emprendimiento y las expectativas. El hecho de contar con un plan escrito, permite realizar consultas permanentes midiendo el avance hacia el logro de los objetivos planteados y tomar, en caso que sea necesario, las medidas correctivas adecuadas.

 

 

FODA: Matriz de análisis

 

Cuando surge una idea o cuando nos proponemos hacer un proyecto productivo, es importante que conozcamos diversos aspectos para que éstos sean exitosos. Una forma es aplicando la matriz FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas), ésta es una herramienta muy útil para la toma de decisiones y nos servirá también en las distintas etapas por las que atraviese nuestro emprendimiento.

 

Este método parte de la observación de aspectos del grupo y de la comunidad a la que pertenece. Permite elaborar un diagnóstico de la situación y, además, prever acciones a partir de un pronóstico. La utilización de la matriz FODA consiste en buscar, ordenar y volcar sobre un papel la información proveniente del entorno donde se encuentra inserto el grupo (las Amenazas y las Oportunidades) y del interior de nuestro emprendimiento (nuestras Fortalezas y nuestras Debilidades), para luego, con la mayor cantidad y calidad posible de información trazar nuestro plan de acción.

 

Todo aquello con lo que contamos, sabemos,

conocemos, etc.                                                       Aquello que no sabemos, nos falta, necesitamos, etc.                           

 

 

 

                                  

F

Fortalezas

D

Debilidades

O

Oportunidades

A

Amenazas

Aquellos factores, obstáculos o problemas que podrían hacer difícil nuestra tarea.

 

Todo aquello que  nos ofrece y

está disponible en nuestro

entorno. Recursos o posibilidades.

 

La idea de esta matriz es permitir neutralizar todas las debilidades internas y amenazas externas, así como aprovechar las fortalezas internas y las oportunidades del exterior.

 

4. Cómo abordar las diferentes etapas para la formulación del proyecto

 

En e

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Publicado por juang9106 @ 2:04  | ADMINISTRACIÓN
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