Mi?rcoles, 04 de febrero de 2009

La comunicación entre docentes y alumnos está muchas veces presidida por la tensión y por situaciones de esfuerzo excesivo, lo que dificulta el ambiente de trabajo

El profesorado necesita asesoramiento sobre fenómenos que antes no existían, como déficit de atención, hiperactividad, ludopatías, anorexia, bulimia o drogadicción

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Daniel Vila

Las situaciones de angustia y ansiedad están golpeando con fuerza al profesorado, un colectivo que en los últimos tiempos asume responsabilidades que van más allá de lo académico. Entre las causas de este fenómeno en alza se encuentran la creciente indisciplina en las aulas y la tensión en los propios claustros. Pero también existen factores estructurales, como son la acumulación de tareas, la saturación de las aulas o la falta de profesionales de apoyo en los centros, que contribuyen a alterar el equilibrio psíquico de los que se dedican a la enseñanza.

Gripes, catarros, lesiones musculares o alteraciones de la voz se pueden considerar enfermedades comunes entre el profesorado, pero cada vez más patologías como el estrés o la depresión aparecen asociadas a la actividad docente. Éste es un trabajo intelectual y también administrativo; además de impartir clases, hay que prepararlas, ajustarse a los programas en tiempo y contenido y realizar otras funciones. En los últimos años los que se dedican a educar están asumiendo responsabilidades que van más allá de lo académico, haciéndose cargo de ámbitos que antes estaban reservados a la familia y a la sociedad. Todo ello produce muchas veces fatiga mental, estrés o el síndrome de burn out, es decir, estar "quemado". "Al lógico desgaste físico en relación con la edad, debemos añadirle el consiguiente desgaste psíquico." Lo dice el estudio Las enfermedades profesionales de los docentes, del sindicato FETE-UGT, un trabajo donde se demuestra que las dolencias de tipo psiquiátrico aumentan de forma paulatina a medida que el profesor cumple años.

Indisciplina

Y lo más grave es que el diagnóstico comienza a ser generalizado. El último informe de la Fundación Encuentro titulado España 2005. Una interpretación de su realidad social denuncia que la violencia en el ámbito escolar ya es un fenómeno frecuente, una cuestión de "matones" que se divierten haciéndose los duros. "No es la edad del pavo, es el ‘matonismo escolar’ lo que tenemos que atajar", señalan los redactores del estudio, que advierten que el problema ha dejado de ser exclusivo de los alumnos: si cuatro de cada diez escolares de la ESO declaran haber sido agredidos alguna vez por sus compañeros, más inquietante resulta que un 10 por ciento de los profesores reconozcan que a veces son objeto de agresiones.
El mismo informe advierte que ante estas conductas –que para algunos siguen siendo "individuales" y "esporádicas"– lo común es mirar para otro lado. En los institutos los directores "niegan los problemas por miedo a estigmatizar el centro"; la policía "sólo actúa cuando hay denuncias", y muchas, al afectar a adolescentes, son sobreseídas. Los padres tampoco denuncian "por miedo a mayores represalias sobre sus hijos", por lo que muchos optan por cambiarlos de centro, siempre según el estudio de la Fundación Encuentro.

La tensión y el estrés del docente

La tensión y el estrés a veces también son consecuencia de la inquina entre los propios compañeros. En los centros educativos –como en otros muchos lugares de trabajo– hay profesores que sufren acoso moral o mobbing y son objeto de exigencias psicológicas a las que no pueden hacer frente. "Exigencias que se estimulan y canalizan en numerosos casos por la dirección del centro, o en otros, esta dirección crea una situación de indefensión absoluta al docente acosado", señala la abogada Carmen Perona, del gabinete jurídico de la Federación de Enseñanza de CC.OO. El hecho es que más de un docente con "ganas de hacer cosas" puede convertirse de la noche a la mañana en el centro de la diana: amenazas, ignorado por parte de sus compañeros, trato desigual, asignación de tareas aisladas, magnificación de errores, rumorología intencionada en su contra...

El problema reside en la forma en que el centro aborda el asunto, ya que en la mayoría de los casos, el equipo directivo llega a la conclusión de que la forma de evitar problemas es que el trabajador se traslade a otro centro, "y como esto no es nada fácil de conseguir –afirma Perona–, la estrategia es la presión, utilizando quejas de alumnos, informes de compañeros, hasta conseguir aparentemente el objetivo, es decir, que el trabajador se incline por el cambio de centro de trabajo.
La convivencia escolar no es la única culpable de los trastornos psíquicos del profesorado. También están los factores estructurales: la acumulación de tareas –hacerse cargo de tutorías, seminarios, departamentos o cargos directivos–, el ritmo acelerado, la escasez de medios y profesionales de apoyo o el excesivo número de alumnos por aula. El estudio de FETE-UGT desvela que los profesores que imparten clases a más de 20 alumnos presentan un "incremento significativo" de patologías psiquiátricas.


Aunque el profesorado constituye un colectivo muy heterogéneo, las situaciones de angustia y ansiedad están golpeando con fuerza a este sector profesional, y una de las causas hay que buscarla, según los expertos, en la creciente indisciplina en las aulas. "La relación con los alumnos es uno de los aspectos potencialmente más gratificantes, pero lo cierto es que en buen número de casos esta comunicación está presidida por la tensión", señala Valentín Martínez Otero, doctor en Psicología y Pedagogía. "Cuando se habla de un profesor quemado se habla en realidad del síndrome del estrés, que supone una tensión emocional alta producida por situaciones de esfuerzo excesivo, preocupación extrema o grave sufrimiento. Esto influye en la propia personalidad del docente y en la forma de afrontar el ambiente de trabajo".
Los que trabajan en el medio escolar advierten que los centros son hoy mucho más complejos que hace unos años, sobre todo porque acogen a escolares más diversos. Ahora todos los alumnos están escolarizados desde los 3 hasta los 16 años: el profesor debe enfrentarse a dificultades de aprendizaje, diferentes capacidades, motivaciones o intereses, y además están llegando alumnos extranjeros, con lo cual la heterogeneidad es mayor que nunca. En opinión de Juan Antonio Planas, presidente de la Confederación de las Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), "no es lo mismo dar clase a un grupo homogéneo que a otro heterogéneo, con diferentes capacidades y rendimientos". Por eso, este especialista es partidario de asesorar al profesorado sobre fenómenos que antes no existían o se desconocían, como el déficit de atención, la hiperactividad, las ludopatías, la anorexia, la bulimia o la drogadicción. También precisan orientación en temas como materiales específicos para trabajar en esa disparidad, agrupamientos más reducidos, nuevas tecnologías aplicadas a la educación o información sobre instituciones especializadas. A su juicio, lo que más está deteriorando el clima docente son las extralimitaciones de algunos alumnos. "Hay familias que han abdicado en la tarea de imponer límites educativos a sus hijos. Estos alumnos generan problemas de convivencia en los centros educativos y éste es el factor que más estrés provoca en el profesorado."

Tags: juan garcia, educacion, docente moderno

Publicado por juang9106 @ 12:08 AM  | DOCENTE MODERNO
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