Mi?rcoles, 18 de febrero de 2009

La falta de atención y el exceso de actividad deben corregirse a tiempo para no llegar a un problema de conducta. El trastorno podría ser hereditario.
 
ASTRID LOPÉZ ARIAS
Redactora de EL TIEMPO, Bogotá
 
Cada vez más, los estudios neurosiquiátricos confirman que la hiperactividad y el trastorno de déficit de atención, están asociados a una variante en el gen neurotransmisor, dopamina, denominado (DRD4) y que además, suele ser hereditario.

Se trata de un cambio en las áreas del cerebro que coordinan la atención, en las cuales, se observa un tejido más fino y delgado de lo normal. Cabe destacar que esta alteración se manifiesta en combinaciones entre falta de atención, hiperquinesis (excesivo movimiento), impulsividad y, en algunos casos, con agresividad.
 
Existen épocas normales de hiperactividad
Todos los niños, en sus primeros años de edad, son por naturaleza muy activos y curiosos, pues esa es su forma de explorar el mundo y a través de ello, aprenden y se desarrollan.
 
Ahora bien, al llegar a los 3 o 4 años, esa forma de actuar debe cambiar y el nivel de actividad disminuir. Si esto no sucede y, por el contrario, empiezan a mostrar impulsividad, inatención y torpeza socialmente hablando, es decir, que responden en el momento que no es correcto o hacen todo lo contrario a lo que se le pide y, además, en ocasiones, se tornan agresivos; esos niños requieren un seguimiento integral entre el colegio y el hogar.
 
Los varones padecen más de este trastorno en un porcentaje de seis a uno con relación a las niñas. En este caso, se les dificulta permanecer sentados, obedecer y concentrarse, pero pueden jugar todo el día sin cansarse, por consiguiente, su rendimiento escolar no es el mejor y las relaciones interpersonales con sus compañeros, profesores y familiares se ven afectadas.
 
Síntomas y consecuencias
 
Nadie mejor que los padres para detectar que su hijo presenta alteraciones de comportamiento, además, porque este tipo de trastornos se evidencia con facilidad en casa, puesto que allí, él es el centro de atracción y actúan con mayor libertad que en el colegio, donde por el número de alumnos, la anomalía al principio puede pasar desapercibida y detectarse cuando ya se ha convertido en un verdadero conflicto.
 
Cuando el comportamiento del niño se ha vuelto un problema y está afectando su desempeño académico y sobre todo, su entorno social y familiar, se debe iniciar un trabajo coordinado entre el colegio y el hogar donde cada uno, haga lo suyo de manera especializada. Lo primero es no utilizar frases negativas o excluyentes como decir: "eres una pesadilla", "no sé que me pasó contigo, eres insoportable", y evitar la desesperación.
 
Luego, un profesional, como una psicóloga educativa, una terapista del aprendizaje o un médico neuropediatra, debe realizar un diagnóstico y los padres, capacitarse sobre el tema para manejar la situación, pues quienes no la conocen, se dedican a impartir regaños y castigos que no dan soluciones y el niño continúa con las mismas actitudes.
 
La hiperactividad infantil, es un trastorno de origen neurológico que si se atiende a tiempo con un tratamiento adecuado va desapareciendo progresivamente. Sin embargo, existen casos en que la hiperactividad termina, pero el déficit de atención persiste, por esto, existen adultos para quienes concentrarse o retener información, es muy difícil.
 
En el peor de los casos, y en un porcentaje menor, los niños que no reciben la atención que requieren pueden llegar al consumo del alcohol y las drogas y a desencadenar conductas delictivas.
 
¿Cómo actuar frente al problema?
 
- Los padres deben recibir charlas, participar en talleres y seguir la orientación de los neuropediatras y terapeutas, para ayudar en la maduración de la disfunción que afecta a sus hijos.

- Deben fijar un cronograma de actividades, donde se incluyan horas exactas de tareas escolares, de juego, de comidas y hasta de sueño.

- Esos términos de tiempo no deben superar los 20 minutos en una misma actividad. Alterne para que no se cansen ni se desesperen.

- En el colegio, los profesores deben involucrarse en el tratamiento y sin ser excluyentes, iniciar un ritmo de trabajo especial para este tipo de niños.

- Para ellos, el tacto es muy importante, por lo que se deben diseñar rutinas donde este sea el componente principal, como en el juego.

- Retroaliméntelos con mensajes positivos y hágales saber en el momento, qué está bien y qué mal y el por qué.
 
Fuente y asesoría: 
Anni de Acevedo, psicóloga educativa-Colegio Nueva Granada.
Roberto Chaskel, psiquiatra especializado en niños y adolescentes.

Tags: educación, docente moderno, maestro moderno

Publicado por juang9106 @ 2:18 PM  | PUBLICACIONES
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